
Si hay algo que me apasiona del otoño es la luz, los colores, la naturaleza.
La primavera es el explendor de la recién llegada. La alegría, la excitación, la energía desbocada.
El otoño es la belleza de la madurez pausada. La traquilidad, el sosiego, el balance, la cosecha, el mirar dentro de uno mismo, y reorganizar el huracán veraniego.
Personalmente me suele sentar muy bien. Me recoloca en el epicentro, me relaja, me deja tiempo para mí misma.
No me pone triste, ni meláncolica. Sólo tranquila. Y en mi caso, eso una buena noticia :-)
Adoro la naturaleza en estas semanas. La lluvia, el barro, las hojas, los verdes y toda la maravillosa gama de marrones.
Me gusta noviembre, noviembre dulce. En el que las noches son frías, pero el sol calienta todavía y acaricia la cara. No me puedo resistir a los largos paseos en estos días, en estar fuera de casa saboreando cada cambio de temperatura, de nube y de lluvia.
Me gusta noviembre. Hace ocho años, en noviembre, fui a Holanda para recuperar una asignatura pendiente :-). Elegí noviembre para casarme, a contracorriente. Y también, aunque sin buscar la fecha expresamente, nació mi primera hija en noviembre.
He encontrado estas preciosas fotos en el blog de Inde que le cojo prestadas y coloreo con ellas esta página, pensándome si no hacerme un póster con ellas...


