
Cuéntame de aquellos días colgados de tu cuello,
del pasar de las horas languideciendo de suspiros.
Cuando éramos jóvenes, todavía,
y no cabían en mis labios
los rojos quehaceres .
Cuando atardeceres infinitos nos mecían alguna tarde,
y el calor de tu piel,
deseo entreabierto,
sueño oscuro,
perdido.
Encontrados.
Cuéntame de aquellos bares de las canciones explicadas,
de los cigarros compartidos,
y las monedas fundidas
en la (pen)última cerveza.
Háblame de adoquines,
y del suelo mismo,
de la ciudad dormida, que podría haber sido cualquiera,
pero fue Zaragoza.
Y de las torpes explicaciones
y las huídas atropelladas,
de junios dolientes
y noches abiertas.
Y háblame después
sólo después,
del frío y de Amsterdam y de la lluvia,
y del pelo mojado, y de los ojos fundidos.
Y cuéntame que el amor es también difícil,
y que se pueden robar los abrazos,
y recuerda sobretodo esos besos repetidos
únicos,
e invisibles.
y mírame con aquellos,
esos tus ojos,
desnudándo...
¡y búscame ahora!
Porque será en los mismos bares,
o en aquella película,
porque Salma Hayek recuperó la serpiente
y te ofrece su pie y su copa...
Late el corazón,
sí,
y pierdo
la cabeza,
Abrázame
intensamente,
repleta de dudas, llena de risa, completa de dilemas,
Y resuene el eco en la pregunta infinita...
¿en qué piensas?
¿Y dime,
en qué piensas ahora?
.- Carmen Marín.- Diciembre’08
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