EL MERCADILLO (I)
El otro día, pasé por el mercadillo del barrio de mis padres, iba sin prisa y entré...
apenas unos puestos abiertos, muy poca gente,
Y entonces recordé aquellas mañanas de sábado, hace algunos años ya...
Mi madre me enviaba con su enorme monedero y un trozo de papel repleto de encargos e instrucciones.
A la aventura...
Porque, con 9 años, hacer la compra en un mercado de aquellos, requería paciencia y sobretodo de picardía.
Evitar que se te colaran aquellas señoras de falda de paño era dificil, máxime cuando había que pedir la vez en todos los sitios a la vez, para no echar la mañana...
Yo hacía gran parte de mis nervios, en esos eternos minutos... Y de repente se oía detrás de las canastas la pregunta fatídica...
-¿Quién va?
-¡servidora!
apenas unos puestos abiertos, muy poca gente,
Y entonces recordé aquellas mañanas de sábado, hace algunos años ya...
Mi madre me enviaba con su enorme monedero y un trozo de papel repleto de encargos e instrucciones.
A la aventura...
Porque, con 9 años, hacer la compra en un mercado de aquellos, requería paciencia y sobretodo de picardía.
Evitar que se te colaran aquellas señoras de falda de paño era dificil, máxime cuando había que pedir la vez en todos los sitios a la vez, para no echar la mañana...
Yo hacía gran parte de mis nervios, en esos eternos minutos... Y de repente se oía detrás de las canastas la pregunta fatídica...
-¿Quién va?
-¡servidora!
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